El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención. Por eso la conocí, ¿sabes? Por aquel libro.
Un cartel enorme anunciaba que ella estaría allí firmando ejemplares de su último libro. Yo no sabía quien era ella, pero aquel título…
Me presenté en la tienda el día de la firma, dispuesto a saber quién había elegido justamente aquellas cuatro palabras. Estaba ojeando el libro cuando ella apareció a mi lado. Su fragancia… no sé como explicarlo, me capturó.
Me sonrió, y me preguntó si venía por la firma, yo le dije que sí, y entonces ella me preguntó si me había gustado el libro. Yo sonreí azorado y le dije que la verdad era que no lo había leído, pero que me había llamado la atención el título, y había venido con la intención de saber quién era la autora.
En ese momento ella soltó una risita, y yo la miré intrigado. Me miró a los ojos, y volvió a reír al ver mi mueca interrogante.
Entonces se presentó. Su sonrisa, puedes creerlo, fue la más amplia que vi en mi vida.
¿Sabes? Era hermosa, pero no con esa belleza evidente con la que nos bombardean hoy en día, en ella todo era sutil, pero embriagador, todo excepto sus ojos que eran espectaculares…
Me enamoré de ella en aquel instante, en aquella tarde, y gracias a aquel libro, su libro, nuestro libro.
Y ella se enamoró de mí también, pero más tarde, a poquitos, en cada café, en cada cena, en cada paseo por la ciudad, en cada llamada telefónica.
No sabes como llegué a amarla, la sentía aquí dentro, conmigo en cada segundo del día.
Pero el destino es cruel, y de la misma manera casual que me la dio, un horrible día decidió arrebatármela.
Tú no puedes entenderlo.
Viví, no, no viví, creí morir cada día despues de aquel, hasta que un día por la calle, ví su pelo.
No, no me mires así. Es cierto, no era su pelo, pero era igual. Aquella mujer llevaba su mismo peinado, su mismo color, y como más tarde comprobé, su misma suavidad y el mismo sutil aroma.
Entonces supe que debía ser mía. Pero ¿sabes? era su pelo, pero no era ella.
Shhhhhhh no intentes moverte, te vas a hacer daño. Y no queremos que te hagas daño, ¿verdad?
A partir de aquel momento supe lo que tenía que hacer, tenía que buscarla.
Meses más tarde encontré sus manos, sus mismas caricias, su misma fuerza. Y otra vez eran sus manos, pero no era ella.
Una noche, ahogando la pena que me producía su ausencia encontré sus labios, me besaron, y pensé que la había encontrado, su dulzura, su pasión. Pero aunque eran sus labios, tampoco esta vez era ella.
No llores, ¿por qué lloras? Si te portas bien, vamos a ser muy felices. Ellas no se portaron bien, ¿sabes? Tenían su pelo, sus manos, sus labios, pero no eran ella, no quisieron ser ella. Y por eso…
Ah, tú, tan bella, tan sutil como ella…. tú… como todo lo importante, ocurriste de repente...
Había dejado de buscarla… sí, había perdido la esperanza de recuperarla hasta que te ví aquella tarde… hasta que chocaste conmigo en aquella calle… hasta que vi tus ojos divertidos al vernos caer al suelo… hasta que de tu mochila cayó aquel libro, su libro, nuestro libro.
Porque tú, tú mi amor, tú tienes lo más importante, tú tienes sus ojos, tú eres ella…
…
Esta semana vuelvo a hacer el cuento con dos frases, por falta de tiempo en la entrega anterior… de todas formas creo que me ha quedado algo pasable, espero que os guste…
Más en Cuentacuentos