– ¿Qué haces?
– Ver porno. ¿Y tú?
– Pensaba en ti… bueno, en nosotros, en… ya sabes.
– Claro que lo sé, pero bueno, no te imaginas la cantidad de porno que hay aquí, sería un milagro que lograse concentrarme en algo que no fuese… bueno… ya sabes…
– Me imagino, aunque al menos será divertido ¿no?
– Más que lo tuyo seguro, pero aún así… es un poco… hummmm… raro…
– Sí bueno, me gustaría poder echarte una mano…
– Sí… sería una idea cojonuda, el porno no está mal, pero tus manos…
– ¿No te apañas tú solito entonces?
– Mmmmmm es que a mí me tengo muy visto, y esto es taaaaan frío, necesito un poco de… calor… tu calor…
– No me pongas esa vocecilla que estoy en el trabajo, y tú vas a desahogarte pero yo tengo que esperar hasta la cena.
– Mmmmmm entonces… esta noche… de postre…
– ¡Sí, por favor! Hoy se acaba la tortura…
– Mmmmm bien, te echo tanto de menos, no se como hemos logrado hacerlo… me imagino tu piel bajo la mía… tus gemidos… tu cuerpo arqueándose junto al mío…
– ¡Dios! ¡Para! ¡No me hagas esto!
– ¡Bien! Creo que eso es lo que me hacía falta para acabar de motivarme…
– Bueno… te dejo a lo tuyo, entonces…
– Mmmmm vale, vale…
– ¿Lorenzo?… Te quiero…
– Si no te quisiese sabes que no pasaría por esto, ¿verdad?…
– Sí.
…
– ¿Señorita?
– ¿El señor Pérez?
– Sí, ese soy yo.
– Bien, deje su muestra en la bandeja. En unos días estarán sus resultados y los de su esposa, en cuanto los tengamos les llamaremos para concertar la cita.
– Gracias.
…
– Buenos días, Clínica de Fertilidad, ¿qué desea?
Mucho más, y seguramente mejor en: Cuentacuentos