Desde sus bien formados pies, hasta la punta de sus sedosos cabellos rubios, toda ella es como sacada de un sueño.
Sus manos, de dedos finos y suaves, hechas para acariciar, su ojos, de un increíble color azul, sus labios de suave tono rosado.
Su piel tan perfecta que incluso parece resplandecer con brillo dorado cuando los rayos de sol, en actitud adoradora la bañan.
Incluso sus movimientos se empeñan en hacerla parecer hija de los mismos dioses, en ocasiones semeja que no es ella la que se mueve, sino que la tierra es la que gira para hacerla llegar adonde desea.
La primera vez que oí su voz, ésta se me coló hasta el más hondo rincón de mi ser, no tiene nada de extraño pues, que con un par de palabras pueda conseguir todo lo que desea, e incluso que el resto de simples mortales nos sintamos tremendamente honrados de complacerla.
Aura es hermosa, es perfecta, es lo más parecido a un ser sobrenatural que cualquiera puede conocer.
Y sin embargo, al igual que la Venus de Milo, Aura es fría y distante, y su corazón parece tallado del mármol más duro.
Por eso, mientras salgo para no volver más de su cama, no siento la más mínima tristeza por la despedida, si acaso me arrepiento de haberla tenido, porque Aura, al igual que las obras de arte, está en el mundo solo para que los demás podamos contemplarla
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Una semana más, llega tarde mi relato…
Publicado en spaces el 24 Octubre 2006