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Cuentacuentos 2: Y a pesar de todo sigues sin creerme

Y a pesar de todo… sigues sin creerme…
Te estoy apuntando con un revólver, y sigues sin creerme ¿verdad?
Si es que eres un arrogante, ni se te pasa por la cabeza que tenga el valor para hacerlo ¿verdad?
Claro, parte de razón tienes, si me he dejado pegar durante más de dos años, si en cada paliza me he quedado callada, si nunca te he ido a denunciar… ¿por qué ahora voy a poder apretar el gatillo?
¡No me insultes! ¡No te atrevas a volver a llamarme puta!
Creo que voy a tener que demostrarte de lo que soy capaz…
… … …
Vaya ahora ya no sonries cínicamente ni me gritas, ¿has visto lo cerca que se ha incrustado esa bala? hmmmm ¿tu que dices? ¿20 cm de tu pierna?
No creas que he fallado, esto es un aviso, cabrón, para que veas que sí puedo hacerlo.
Seguro que te estás preguntando de donde saqué el revólver, y lo más importante, de donde saqué la puntería, ¿verdad?
Bien, te lo voy a decir, es increíble lo fácil que se puede conseguir un arma con los tiempos que corren, simplemente hay que saber donde ir, y a quien preguntar…
… ah! veo que recuerdas cual era mi trabajo antes de casarme contigo…
¿Ves? para algo te sirve conocer a lo más bajo de la sociedad trabajando de asistente social…
Y lo de la puntería, bueno, ya ves, aún despues de años, sigo recordando las lecciones de mi hermano y su escopeta… claro que tú eres un blanco mucho más grande que unas latas de atún encima de un muro… no tiene tanto mérito…
¡No te creo! ¿Que me quieres? ¿Que no va a volver a pasar? ¿Que vas a cambiar?
Ja! Al principio me creía tus mentiras, pensaba que era una racha, y que en verdad te arrepentías, luego llegó la etapa del miedo, del intentar hacerlo todo bien, no para que te sintieses contento, sino para no recibir más golpes, pero ya no… ya no te creo…
Es increíble la sensación que se tiene con un arma en la mano ¿sabes? seguramente me siento muy parecido a ti cuando me tenías arrinconada y me pegabas patadas… ¿era eso lo que se sentía, cabrón? ¿te sentías muy superior? ¿poderoso? ¿dueño del mundo y de mí?
Ya vuelves otra vez a los insultos… no quiero enfadarme, ¿sabes?, porque quiero que tengas tiempo de arrepentirte una y mil veces de cada golpe, de cada insulto, de cada vez que me hacías sentir por debajo de la mierda…
¿Por qué ahora? ¿Ahora qué? ¿Por qué he reventado ahora?
Mmmmmm bueno, te lo voy a decir, porque hoy hace justo un año que mataste a mi hijo…
Veo que te acuerdas mi embarazo… ¿recuerdas que aborté por una paliza? mmmm a ver si recuerdo por qué había sido… mmm… ¿porque tardé demasiado en traerte la cena a la mesa?…
No digas que lo sientes hijo de puta, porque no te creo, aquel día pude librarme de ti denunciándote en el hospital, pero no tuve valor…
… sin embargo aquel día todo cambió, aquel día me hice más dura, y empecé a odiarte como nunca he odiado a nadie cabrón, aquel día le prometí a mi hijo muerto que expiaría mi culpa y la tuya…
Si, porque yo también tuve la culpa, porque ya el primer día que me levantaste la mano debí abandonarte, debí alejarme de tí…
… pero no lo hice, y por eso murió mi hijo, y por eso estamos hoy aquí…
Sí, ya se que si te mato, puedo ir a la cárcel… puedo alegar defensa propia, ¿sabes?, pero no te he puesto ninguna denuncia, no tienes antecedentes… y todo el mundo sabe que eres un ciudadano ejemplar… aunque estos moratones en la espalda, los cortes en los brazos, el labio roto, el ojo negro, por no contar el historial médico, que con un buen abogado…
Tres costillas rotas, un aborto, una fractura en un brazo… y todo en un año ¿qué patosa soy verdad? No hago más que caerme por las escaleras, resbalar en el baño, tropezar con la alfombra…
Pero la verdad es que ni tu ni yo merecemos seguir vivos…
Ahora sí que tienes cara de miedo…
… queda poco tiempo…
… … …
… … …
Publicado en spaces: 31 agosto 2006
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Cuentacuentos 1: No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado

«No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado»
Ya ni recordaba cuantas veces ella le había dicho estas palabras.
Miles de veces había conseguido insuflarle de nuevo las ganas de vivir diciéndole precisamente eso.
Y él, ciego de amor, remontaba cualquier contratiempo y volvía a vivir, simplemente vivir, por ella, con ella, para ella.
«No desesperes»
Cuando su primera exposición recibió críticas durísimas, solo sus palabras evitaron que se dejase dominar por la desesperación.
Había desesperado cuando su mano comenzó a temblar, cuando sus cuadros dejaron de ser lo que habían sido, pero por ella, solo por ella, aprendió a superarse, y a convivir con el mal que lo empezaba a minar.
«Yo estoy aquí»
Sí, ella había estado allí, desde el primer día, y por ella había logrado todo lo que se había propuesto.
Ella estaba allí, en los momentos malos, que habían sido muchos, y en los buenos, que nunca eran suficientes.
«A tu lado»
Y solo por su presencia, allí a su lado, siempre a su lado, no había desfallecido, había logrado desarrollar todo su potencial, había llegado a ser un artista que sin ella no habría existido.
Por su compañía había logrado salir del agujero negro en que se había hundido cuando su enfermedad empezó a impedirle llevar una vida normal.
Por su compañía había decidido que la vida era hermosa pese a todo, y que por ella valía la pena vivir, vivir con ella, por ella, para ella…
«No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado»
Pero ella ya no estaba… se había dado cuenta al despertar, aún antes de notar su cuerpo frío a su lado, había sabido que ya no le acompañaba.
Y la observó, bella como siempre, bella como el primer día, con su perpetua sonrisa, pero con los ojos apagados para siempre.
Y lloró, lloró como nunca había llorado, porque ahora ya no estaba a su lado, porque no estaba con él, porque ahora sí que podía por fin desesperar…
Lloró hasta que de repente lo vió claro, ahora podría irse sin causarle penas ni tristezas, ahora ya no le podía hacer daño deseando morir, deseando escapar de aquel cuerpo que ya casi no le pertenecía, que ya no le permitía dignidad…
Nunca se lo había dicho, pero ella tenía que saber, que si el vivía en ese cuerpo que se marchitaba indecente, lo hacía solo por vivir con ella, por ella, para ella…
Cogió con parsimonia el frasco, lentamente, para que el temblor no lo hiciese caer alejando un poco más el momento de descansar.
Despues de muchos esfuerzos consiguió abrirlo, pensando en ella, en que su vida sin ella no era vida, se tragó la veintena de cápsulas que quedaban.
No fue tan fácil como pensaba, pero tampoco tan difícil como podría ser, al fin y al cabo morir era solo eso, morir.
Publicado en spaces el : 23 agosto 2006